miércoles, febrero 01, 2006

CARTA ABIERTA A JOSEPH RATZINGER (II)

CARTA ABIERTA A JOSEPH RATZINGER (II)

Contra las cosas que ud. viene diciendo...

Visto lo que se cuece por ahí, en materia de religiones y religiosidad con implicaciones político-sociales en la vida de las sociedades, y, por ende, en la vivencia de los individuos de nuestra especie, es inevitable llegar a las conclusiones siguientes:

1ª - La religión no es imprescindible. De ello dan testimonio los más de 600 millones de personas que no siguen ninguna religión: nacen, viven, se multiplican y mueren... y son 'reciclados' exactamente como cualquier persona "creyente", siguiendo su ciclo natural de existencia; y de ello tambien dan testimonio los estudios y las encuestas (http://www.timesonline.co.uk/newspaper/0,,171-1798944,00.html) que nos enseñan que en las sociedades "no religiosas" o donde la religiosidad es una postura minoritaria, los niveles de delincuencia y de acciones antisociales son netamente inferiores relativamente a aquellas sociedades en que la religión todavia es tenida como una cosa seria. O sea que la relación es: a más religión, más problemas!

2ª - Solamente una minoria de los 'creyentes' seguidores de algún tipo de religión, lo son "porque sí". A las personas que se dicen seguidoras de alguna religión, y considerando sus circunstancias personales en el seno de las comunidades en que se desenvuelven, se las debemos de clasificar en cuatro grupos, bien distintos los unos de los otros, pero conectados entre sí y sujetos a los inestables resortes de lo que damos en llamar 'psicología social'. Así, conocemos a los "crédulos", los "perezosos mentales", los "vanidosos" y los "aprovechados". (Sobre cada uno de estos grupos haré algún comentario cuando lo estime oportuno.)

No se puede afirmar, honestamente, que estas consideraciones mías son puramente subjectivas y, como tal, refutables o altaneramente tildables de simplistas por carecer de explícitas alusiones a datos científicos que las corroboren. En absoluto: los elementos de juicio en que se sustentan los tenemos en todas partes, en el día a día de nuestras vidas, y cualquier observador, despojado de prejuicios tendenciosos, dispone de la facultad de discernimiento suficiente como para no necesitar de recurrir a los vericuetos de argumentos filosóficos como tampoco a contrastes científicos para apreciarlos debidamente, lo que me permite prescindir de la aportación de pruebas de lo que digo. "Hay cosas que hablan por sí solas", alguien lo sentenció, además de que las tales pruebas son tan profusas, tangibles y cotidianas que hasta me da verguenza traerlas aquí... puesto que sigo empeñado en defender la dignidad de mis congéneres, a pesar de las religiones...

Con estos considerandos en la mano, nada más hay que recordar, por ejemplo, las impresionantes y constantes discordancias entre los muchos "infalibles" juicios y dictamenes de los "infalibles" papas (y ud., Joseph Ratzinger, incluido en la nómina...), para darse uno cuenta de que tambien la iglesia católica, que ahora ud. maneja, peca por falta de seriedad y decencia en todas sus manifestaciones, y no solo las otras iglesias que ya abundan por ahí carecen de créditos y de verdades... sino que queda muy mucho en entredicho la credibilidad pretendida por esa religión, así como su honestidad, de ud., su presumida honorabilidad y su harto dudosa respetabilidad...

Es cierto que en la mente de muchos millones de personas todavia persiste aquella atávica disposición a temer a lo imaginable desconocido, como ud. bien sabe, porque aún no han tenido la oportunidad de discernir la realidad de lo absurdo (y por ello confian en las explicaciones de quienes consideran más sabios -pero más sabios merced a una estudiada picardía, cosa que tales personas no vislumbran y ni siquiera intuyen...), mas de ahí a pretender ud. que todo el mundo acate sus insidiosas consignas, de ud., cuando dice, por ejemplo, que "la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro, y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto", es lo mismo que al ciego de un ojo vendarle el otro para que, según ud., no le conturbe la luz que le puede advenir de una "curiosidad malsana", y así seguir manteniendo, ciegamente, con pingües contribuciones de todo tipo, a los ya ligeramente desfondados fuelles de la fragua que ud. dirige... O sea que, hay que darle somanta de paladas en la cabeza al náufrago que no sabe nadar, cuando este supone que se le va a echar una mano para rescatarlo a tierra firme... haciendo creer a las gentes que la única tabla de salvación es la religión que ud. impone "amorosamente"... y que todo sea por la confiante y ciega entrega a la providencia!... ¡Anda que no tiene 'inri' la cosa, no!...

"No puede haber justicia donde el hombre hace de sí mismo el único maestro para el mundo y para él", lo dijo ud., en una maniobra solapada para convencer de la necesidad de la religión; y como añadido dirá, seguramente, y paternalmente, y/o apocalípticamente (que de ud. hay que esperar de todo, como lo viene demostrando), que "la observancia de la religión es el único camino para la redención de la Humanidad" (me suena haber oido esto en alguna ocasión...). Pero ¡qué de cosas dice ud., hombre! Qué de cosas!... Pues que le conste a ud. que para muchísima gente, pero muchísima, todo eso que dice es un atrevimiento altamente ofensivo destinado a denigrar la dignidad de las personas, a vilipendiar la inteligencia humana, a socavar nuestra capacidad de convivencia, y encaminado "a llevar la brasa a su sardina", de ud. ... pero, en consecuencia, y muy probablemente, multitudes y multitudes de mujeres y hombres a los que ya se les ha revelado "su plumero", de ud., le responderan igual que yo: por el contrario, la religión sirve de pretexto a los "religionados" para los constantes intentos de frenar el progreso social; la religión favorece la distorción de los legitimos propósitos de desarrollo de la Ciencia; la religión proporciona, hasta hoy, a los individuos como ud., la impunidad de esparcir un paradójico amor ponzoñoso, falso, particularmente interesado, absolutamente contrario al bien estar de la Humanidad; la religión propicía la obstaculización de la afirmación del ser humano como una mera simbiosis de elementos físicos, químicos y ambientales, emparentada con todas las formas de vida existentes aquí, en el planeta Tierra, y completamente ajena a la fantasiosa acción de entidades "sobrenaturales", inexistentes por indemostrables ni empiricamente ni metafísicamente - y por tener ya plena consciencia de ello es que el Hombre se posiciona como "el único maestro para el mundo y para él", el "único" capaz de 'poner y disponer'! Que pueda o no "haber justicia" se debe a la existencia o no de ese factor inícuo a que ud. se agarra como gato panza arriba y con el que se escuda: la religión.

Como he dicho más arriba, ahí queda lo dicho: a más religión, más problemas! No para ud. y los "suyos", sino para la Humanidad!

Seguiré en otro momento, que ahora ya me estoy cansando.
Tito Augusto