sábado, diciembre 02, 2006

POR LA LAICIDAD

POR LA LAICIDAD, ACCIÓN GENERAL ¡YA!

Amigas, amigos: ya se ve la punta de la mecha que más o menos pronto hará saltar por los aires el polvorín de la conciencia laica ante la inoperancia, o mejor dicho, la cobardía política de nuestros gobernantes en la defensa de los valores cívicos y laicos propios de una autentica Democracia sin camuflajes de ningún tipo.
Ya empiezan a manifestar "a las claras" sus propósitos avasalladores esas organizaciones religiosas que vienen, desde que han surgido, confundiendo, deformando y pisoteando el concepto de armónica convivencia ciudadana en toda su bondad. Ya no les basta a esas organizaciones el disfrute de una muy discutible "libertad religiosa"(*) de la que se sirven para manipular la voluntad de los crédulos e, incluso, de los estamentos políticos, sino que, con un inmenso desparpajo, exigen la satisfación de unas reivindicaciones desde todo punto de vista abusivas, por injustas e inmerecidas, invocando para ello el peso y costes de unas intervenciones sociales, educativas y espirituales que no resistirán, honestamente, un cuidadoso proceso de auditorías y examenes sociológicos, humanísticos, antropológicos... Ya se apuntan, las aludidas organizaciones, con toda la tranquila desfachatez de quienes se otorgan, sin tenerla, una "autoridad moral", a la partición y usufruto de los dineros públicos; a la paridad en los derechos a la enseñanza general de sus dogmas y doctrinas; a la disponibilidad de cuerpos docentes a expensas del erario nacional; a la financiación, a cargo del Estado dicho "aconfesional", de sus libros de adoctrinamiento... y poco faltará (¡no me extrañaría!...) para que reclamen perentoriamente, para cada calle de cada pueblo de esta polícroma geografía hispana, la construcción "gratis" de sus templos de oración y recogimiento espiritual...
Por eso, antes de que puedan consumarse tales despropósitos, debe la sociedad consciente conjurar a todos los representantes de los colectivos laicos y afines, indivíduos e instituciones, para contraponer a la sospechosa (o, cuando menos, decepcionante) debilidad del Gobierno Español la fuerza de la decisión verdaderamente social (contraria a la de unos cuantos grupos) de instaurar en todas las instituciones académicas, como princípio fundamental de convivencia, una enseñanza general laica, cultural y emancipadora, a la que acompañe la educación pública cívica y humanista-arreligiosa en todos los niveles, indiscutiblemente demandada por las reales necesidades humanas colectivas.
¿Y cuales son, específicamente, esas reales necesidades humanas "colectivas"? Pues, por encima de todas, el respeto a la persona dentro del grupo, y el respeto al grupo dentro de la sociedad; la aceptación de la diversidad cultural, étnica, social, sexual, ideológica (política y de creencias); la igualdad de derechos en todos los ámbitos y sectores que conforman la vida pacífica en sociedad; el conocimiento y la garantia de las libertades, deberes y derechos contemplados en los ordenamientos constitucionales; el respeto y atención de todas las instituciones de servicio público; la asimilación intelectiva y disfrute de los principios laicos y democráticos, implícitos en todo lo anterior; el respaldo de las convenciones internacionales sobre los Derechos Humanos, etc., etc., por citar algunas entre otras más.
A estas reales necesidades suelen seguir oponiendose contumaz y sibilinamente (¡que es lo suyo!) las jerarquias religiosas, pero en tal esfuerzo se les va lo poco de sensatez que algún día han podido tener... (¡que no la han tenido jamás, según se ve en su propio historial!...), de tal suerte que ya una gran parte de la ciudadanía de nuestros tiempos empieza a fruncir el ceño, los ojos semicerrados, alertada por una creciente consciencia de sus valores y de sus derechos, expresando su hartazgo de proclamas que huelen a hipocresía, de absurdas evocaciones esotéricas, de afirmaciones catastrofistas, de desplantes de "baja cuna y alta cama", de taimadas distorciones de lo evidente, de pueriles e incongruentes lucubraciones; emanado todo ello "con mucho amor y espíritu de solidaridad" desde los púlpitos o en forma de conferencias, de cartas "pastorales", de encíclicas... y era de esperar, objetivamente y en consecuencia, que nuestros conciudadanos dejen asomar ya "la punta de la mecha" de una tremenda potencialidad revulsiva, muy posiblemente propensa a eclosionar incontroladamente en un momento dado en respuesta a unos acuerdos Estado-religiones de tamaña e inquietante ambigüedad laico-política-religiosa, como los que vienen firmando los apocados gobernantes nuestros...
En estas cicunstancias, es deber ineludible y competencia irrenunciable de las asociaciones laicas el encauzar toda esa potencialidad en la reconducción de la "cosa religiosa" al ámbito meramente personal o grupal, de modo a que la tal "cosa" no pueda involucrar ni a las instituciones públicas ni a la sociedad en su conjunto en los mecanismos de su artificiosa subsistencia.

En una sociedad presuntamente dicha laica y democrática cuyos niveles de bien estar social se vienen incrementando sensiblemente en los últimos tiempos, es un desatino considerar el factor religioso como un actor co-partícipe en ese incremento de los niveles de bien estar, toda vez que tales niveles se miden, técnicamente y al fin y al cabo, por el poder adquisitivo de los ciudadanos, y conciernen exclusivamente a las coyunturas económicas (materiales, portanto, que no religiosas...) que satisfagan las demandas de la sociedad en lo que a las realidades prácticas se refieren, incluyendo el amparo asistencial, las prestaciones sanitarias, los cuidados hospitalarios, el sostenimiento de la enseñanza pública (¡que no es adoctrinadora!...), la formación profesional, la atención a la infancia, a los ancianos y a los jubilados, etc., etc. Por ello, no será difícil demostrar que un país será socialmente más estable y más feliz cuanto más elevado sea su nivel de bien estar social, independientemente de ideologías que pueden ser inconformistas o no, e independientemente de disposiciones personales receptivas a las creencias religiosas o no - pero, desde luego, que no impliquen ni la renuncia ni el deterioro de las libertades logradas, sin las cuales no es viable el soñado y merecido "bien estar social".
Otra cosa es que proclamen estar implicadas en este proceso las instituciones religiosas o de carácter religioso, y concretamente la Iglesia católica a través de las declaraciones de sus jerarcas y otros, que se otorgan el status de benefactoras espirituales y materiales de esta sociedad democratizada y atribuyen a sus intervenciones sociales el ahorro de muchos millones de euros en favor del Estado (circunstancia esta que todavía está por demostrar de manera fehaciente; porque, de momento, tan sólo sirve para minimizar, frente a la platea popular, las multimillonarias cantidades que sacan al erario público, que es de todos los ciudadanos...), intentando, con ello, no sólo justificar la necesidad de su existencia sino, amparandose en estas circunstancias y por encima de todo, llevar a la ciudadanía a la aceptación de su invariable programa político al que llaman "fé en el señor", pese a que el actual papa, Joseph Ratzinger, sostenga la mentira de que "la Iglesia no es y no desea ser un agente político".
En el caso de la Iglesia Católica propiamente dicha, que es la organización más intervencionista que jamás haya existido, la consigna dominante emanada arcanamente de su sede, en forma de "política subliminal" (¡y ya no tanto!), es la de, por todos los medios, fundar y sostener a perpetuidad un "Estado autonómico" (las Conferencias episcopales...) dentro de cada Estado Soberano (¿?). Sus credenciales proponen y propugnan la "Espiritualidad"; su caballo de Troya es "Dios"; y, sin duda una pieza importantísima, su campo de reclutamiento (y/o de abono...) es la "Educación religiosa".
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Muy brevemente:
a) - Pregunta: ¿se cuestionaran alguna vez los teóricos de la Filosofía, de la Sociología, de la Etnología, o de la Teología en fin, por citar algunos, hasta qué punto tiene importancia la Espiritualidad en la consecución del bien estar social de los pueblos?... y/o ¿qué relevancia tiene la Espiritualidad frente a las concepciones pragmáticas que rigen ese proceso?... La respuesta está en la calle, en las prioritarias preocupaciones de los individuos y parece que no admite controversias, resumiendose en una sola palabra: NINGUNA;
b) - Pregunta: ¿está presente, de modo preferente, el concepto de "mandamientos de Dios", a la hora de perfilar esas preocupaciones prioritarias entre los ciudadanos conscientes de sus responsabilidades individuales y sociales?... Pues veamos: *trabajo*...; *trabajo estable y con remunerción adecuada*...; *salud*...; *vivienda*...; *libertades*...; y de forma más bien aleatoria: *família, amigos, diversión, estudios, paz, vehículo motorizado* ... y, hasta aquí, ni rastro de referencias a tales "mandamientos"; en posiciones algo remotas es cuando aparece alguna alusión al "hecho religioso". La respuesta es NO.(**)
c) - Pregunta: ¿es la educación religiosa en los centros escolares garante de la enseñanza de las libertades democráticas que atañen al respeto a la dignidad de las personas?... Veamos, nuevamente: el capcioso lenguaje tropológico revestido de "mitos y leyendas" empleado en la enseñanza de la religión obedece a los principios dogmáticos y doctrinarios contenidos en la educación religiosa que son, además de consabidamente alienantes, netamente coercitivos, liberticidas y adulterantes de las realidades sociales, puesto que sostienen, al amparo de unos "preceptos morales" de muy dudosa sociabilidad y humanización, sendas contravenciones a las libertades y derechos reclamados por muy variados sectores de nuestra sociedad; contravenciones esas manifestadas en el constante rechazo de las bregadas conquistas sociales y en las repetidas distorciones de los progresos científicos en pro de la justícia y la salud de la humanidad. Lógica y objetivamente, la respuesta sólo puede ser una: NO.
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Las afirmaciones emitidas desde las prelacías, y luego asimiladas y plasmadas y reiteradas por la ingenuidad de los creyentes, de que "más del 80% de los españoles son católicos" (en el intento de magnificar, así, la validez de sus desplantes políticos) conforman la plataforma en que se restriba la cínica picardía clerical para atreverse a contrariar y a refutar la pura lógica del simple sentido común, además de incitar a conductas de desobediencia a las Leyes promulgadas por el Gobierno de un Estado soberano...
No obstante, cuando los ciudadanos "descubran" que no les pasará nada por exteriorizar sus verdaderas convicciones religiosas, y la libertad de su conciencia democrática les indique cual es el comportamiento sociable correcto y el que no en el seno de una sociedad democratizada y laica, es posible que tengamos por seguro el que ese hipotético 80% de la población invocado por los obispos como de "identidad católica", se reduzca inexorablemente al 15% atestiguado, hoy por hoy, según fuentes aún no del todo creíbles, por las solas personas que todavía asisten cada domingo a los ritos de esa religión... Y tampoco es válida la estúpida e insistentemente reclamada "herencia cristiana" en la que sustenta la Iglesia Católica sus espurios "valores morales": muchos siglos de contubernios palaciegos, de infinita hipocresía, de vituperables acciones "evangelizadoras", de perversidad y depravación ética con total desprecio de la condición humana, es lo que ha llegado hasta nuestros días; esa es la famosa "herencia cristiana" refrendada por nuestra historia y que nos viene persiguiendo desde la cuna...

Ahora bien: las acciones aisladas de justas reivindicaciones llevadas a cabo por las asociaciones laicas y las personas que se sienten comprometidas con los valores del laicismo, en España, aunque apoyadas por firmas de otras entidades congéneres o individuales por medios informáticos estan, al parecer, sometidas a la contingencia del "borradas de un plumazo" incluso antes de llegar a las agendas de sus señorías nuestros políticos, que son quienes oyen y desoyen los planteamientos de la sociedad, obrando o no en consonancia, según les vaya...
En duros años de desencanto e indignación se vienen traduciendo esas aisladas acciones a través de conferencias, encuentros, protestas, entrevistas, articulos en prensa, ensayos, libros, etc. etc., ora promovidas por Europa Laica, ora por Granada Laica, ora por Ateus de Catalunya, etc., y ¡"seguimos en las mismas"!, dado que, desde la Transición y a pesar de la Transición (...) los Gobiernos de España se han mostrado remisos, cerrados en una opacidad política desesperante, rehuyendo expurgar esta sociedad nuestra de las absurdas ingerencias e influencias de ese pseudo Estado autodenominado "Santa Sede"...
De esta constatación (y teniendo en cuenta la imposibilidad de perescrutar los verdaderos pensamientos, intereses y temores determinantes de las actuaciones de nuestros políticos...) se genera la pregunta: ¿necesitan sus señorías un espaldarazo clamoroso que les haga sentirse políticamente bien arropadas en la toma de decisiones últimas definitorias, de una vez por todas, de la condición irreversible de un Estado Español autenticamente laico, arreligioso E INDEPENDIENTE?... Tambien aquí parece que la respuesta solo puede ser una: SÍ, sus señorías lo necesitan! Y probablemente lo estan deseando, como se desea "lo que se desea"... según lo que podemos recoger de algún "ex abrupto" (que no exabrupto) de nuestros representantes políticos, compelidos por la personalísima "rebelión" de una reprimida orientación laico-democrática...

Pues entonces, he ahí la sorpresiva clave para promover de inmediato un "levantamiento" laico-democrático en todo el país, que exija, sin más dilaciones de transferencia a otro espacio/tiempo, la total desvinculación entre el Estado y la Iglesia y la erradicación definitiva de la ingerencia de las instituciones religiosas en las decisiones del Gobierno: que en cada ciudad, en cada pueblo, en cada mes, en cada semana se haga oir al unísono la voz del pueblo a través de manifestaciones constantes, incansables, irreprimibles, que trasciendan, incluso, las fronteras de nuestro país y convoquen decididamente a las otras asociaciones laicas europeas, en una expresión máxima de la emancipación laica y cívica del pueblo, de todos los pueblos. La asunción de la responsabilidad del cambio de la deplorable situación actual de esta laicidad frustrada, por corrompida y pisoteada que vivimos hoy, la depositan los políticos en nuestras manos, por lo que se está viendo. Si realmente somos conscientes de este hecho, no necesitamos de más argumentos para emprender la acción decisiva y definitiva. "Unidos venceremos", es la consigna popular. Y el pueblo somos todos. Que se eleve el clamor de los explotados, expoliados, engañados y hasta vilipendiados, que somos nosotros, por encima de esas desvergonzadas voces de unos colectivos notoriamente antidemocráticos que quieren seguir explotandonos, expoliandonos, engañandonos y hasta vilipendiandonos impunemente.

Tito Augusto
www.federacionatea.org
www.vidatea.blogspot.com
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(*) Recogido, con la debida venia, en "Objetivos Estratégicos - b) Legislación", de la página web de la UAL (Unión de Ateos y Librepensadores):

(...Son objetivos de la UAL...)
"La reforma radical de la Ley Orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa para transformarla en una nueva Ley Orgánica de Libertad de Pensamiento, de Conciencia y de Religión en consonancia con el contenido del artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, del artículo 9 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales de 1950, y del artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2000, o en su defecto, para transformarla en una nueva Ley Orgánica de Libertad Ideológica, Religiosa y de Culto, que se ajuste al espíritu del punto primero del artículo 16 de la Constitución, que dice
Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
y que permita equiparar los derechos de las organizaciones religiosas con los que se otorguen al resto de asociaciones, en virtud únicamente de las características específicas de sus actividades y en relación proporcional con su contribución al bienestar general y al progreso de la sociedad, y no por su condición religiosa; poniendo especial atención en suprimir los privilegios específicos de cualquier confesión en particular."

(**) Conclusiones obtenidas personalmente a través de un estudio llevado a cabo durante más de cuarenta años, y todavía vigente, constando de una sóla pregunta: "¿En qué orden estableces "tus" prioridades, en el desarrollo de "tu" vida?". Los "preguntados" jamás han sido seleccionados ad hoc (ni "a dedo"): todos de mayoría de edad, han compuesto siempre un abanico de culturas, de nacionalidades, de niveles de vida, de ideologías, de costumbres, de edades, de creencias...
Que no se afane el lector en achacarle a esta exposición un carácter demasiado simplista, donde brillan por su ausencia la profundidad filosófica, la ostentación erudita, la tenebrosa verborreya metafísica, la sinuosa explanación sociológica, y todo eso y más: las cosas sencillas, como las verdades de la vida que se vive en el día-a-día, se exponen simplemente, con sencillez... facilitando su digestión, aunque a unos cuantos se les atraganten...